Esta mañana he ido a la Fnac única y exclusivamente para comprar una libreta Moleskine. Para los que todavía no sepan lo que es (como yo hace unos días), se trata de una libreta de notas con cubiertas de un tipo de tela llamada moleskin que se caracteriza por tener una banda elástica para sostener el cuaderno cerrado y un lomo que permite que sea abierto completamente. Estos cuadernos fueron utilizados en su día por gente como Van Gogh, Henry Matisse, Pablo Picasso o Ernest Hemingway. Sin embargo en 1986 falleció el dueño de la distribución y las famosas libretas no volvieron hasta 1998, cuando una pequeña editorial italiana las recuperó. Ahora las Moleskine gozan de gran fama en todo el mundo, lo cual se refleja en el precio. Hay muchos tipos (con hojas en blanco, ralladas, cuadriculadas, con forma de bloc, con viñetas…) y se puede elegir entre formato clásico o de bolsillo.

El motivo de esta compra es que estoy a punto de empezar un par de proyectos de gran envergadura de los que os hablaré más adelante y necesito algo para escribir todas las planificaciones e ideas que van surgiendo; además casi no me caben más cosas en la ToDoList del iPhone. Espero que el cuaderno de marras me traiga suerte y que mis proyectos vayan tan bien como los de Picasso y compañía.
















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