Retomo mis historias suecas donde las había dejado, es decir, en mi visita fugaz a España. Efectivamente, el pasado 11 de noviembre, y tras pasar 14 horas en el aeropuerto británico de Stansted, aterricé en Santiago para disfrutar de un fin de semana en casa que, como era de esperar, se hizo bastante corto, aunque muy bien aprovechado. Entre estar con la familia, quedar con amigos (me faltó tiempo para ver a todos los que me habría gustado), hacer algunos recados y comer cosas que extrañaba (véase pulpo, churrasco o fiambre), llegó el domingo por la tarde. Pero no era el típico domingo por la tarde de estar tirado en el sofá; era un Deportivo-Celta, el primer derbi que vivía Riazor desde hacía cuatro años. Como no podía ser de otra forma, hasta allí nos fuimos mi inseparable compañero de grada Don Miguel Eiroa y yo. He de decir que él también está de Erasmus (en Coímbra), y durante ese fin de semana se pegó una paliza de 900 km conduciendo para ver el tan esperado partido, a pesar de tener un examen el lunes a las 12 de la mañana. Y es que esta hinchada nunca se rinde…
Coruña estaba como era de esperar: carteles en Alfonso Molina dando la bienvenida “al infierno” a los aficionados celestes, policías antidisturbios por todas partes, autobuses celtistas con las lunas rotas, helicópteros sobrevolando el estadio y las calles de reunión de Riazor Blues, etc. Nada nuevo bajo el sol. Tras reunirnos con algunos amigos coruñeses, entramos en el templo blanquiazul para ver el tifo previo al partido que se desplegó como es habitual en el Fondo de Maratón, “Quen teña honra que nos siga” leía.




El partido comenzó caliente con las numerosas bengalas que brillaban en la grada de Riazor Blues, e incluso un amago de incendio que necesitó la intervención de los bomberos. Por si fuese poco, en el minuto 4 el Deportivo ponía el 1 a 0 en el marcador por medio de un taconazo de Riki en la portería de nuestro fondo. Podéis imaginaros la celebración. El resto del partido, con sus más y sus menos, fue una fiesta blanquiazul con todo el estadio cantando sin parar. El volumen del ya mítico “Deportivo alé, no te rindas porque, yo en la curva siempre animaré” cantado de fondo a fondo fue ensordecedor, como en las grandes ocasiones.




Sin embargo, en el minuto 81 el estadio se silenció con el gol del empate celeste, y tan sólo se escuchaban los gritos de los 2.000 aficionados desplazados desde Vigo. De hecho algunos de ellos comenzaron a tirar al campo bengalas y asientos arrancados. Luego no sólo eso, sino que los lanzaban a la grada de abajo, donde había aficionados deportivistas, muchos de ellos niños. Por suerte estos energúmenos eran tan sólo cuatro imbéciles, algo que inevitablemente existe en todas las aficiones, incluida la del Dépor, no nos engañemos.


Dos minutos después de su gol, en el 83, mientras ellos aún celebraban su tanto y nosotros intentábamos asumir el empate, Lassad fusiló la red del Celta desde fuera del área dándonos la victoria final y los tres puntos. Ese gol tuvo sin duda una de las celebraciones más brutales y ruidosas de los últimos años; en nuestro caso se creó una pequeña avalancha en las escaleras de la grada y todos fuimos celebrándolo a rolos, gritando y acordándonos de los que estaban tirando sillas hacía dos minutos
Podría escribir mil párrafos más sobre el derbi, pero sé que a muchos, y sobre todo muchas, os estoy aburriendo soberanamente. Permitidme sólo mostrar un vídeo con los goles.

La celebración de la victoria no fue tan larga y festiva como me hubiese gustado, pero tampoco me importó, ya que a las pocas horas mi avión despegaba dirección Madrid para la segunda parte del viaje: cuatro días en la capital con la mejor compañía del mundo. Además, también pude pasarme por mi club de fans, del que ya os hablé en otro post.

De vuelta a Göteborg todavía quedaba la guinda para una gran semana, y es que mi hermano y mi cuñada me hicieron una visita relámpago (exactamente 26 horas) desde Londres para ver qué tal me iba en mi nuevo hábitat y de paso conocer la ciudad. En tan poco tiempo no pudimos ir a demasiados sitios, pero la verdad es que no nos lo montamos nada mal para disponer tan sólo de una tarde-noche-mañana. Tengo que decir que me tuvieron a cuerpo de rey y me llevaron a restaurantes a los que jamás habría ido de haber tenido que pagarlo de mi bolsillo (es decir, diferentes a McDonald’s y Burger King). Cuando empiece a trabajar y deje de ser el hermano mimado voy a echar de menos estas cosas…






También me quedé asombrado cuando vi lo que me trajo mi cuñada de Londres; antes de venir me preguntó si quería que me trajesen algo, a lo que respondí “un poco de chocolate, que el de aquí apesta”.

La última novedad que me queda por contar es que ya tenemos nuestras entradas para ver a Justice, mi grupo favoritísimo de música electrónica y el que más ganas tengo de ver en directo (por supuesto con permiso de AC/DC, mi grupo por excelencia, pero ya visto en Bilbao en 2009). Pasarán por Göteborg el 3 de marzo de 2012 como parte de su gira europea.

En este entrada no tengo ronda de anécdotas que contar, pero si todavía tenéis ganas de seguir leyendo podéis echarle un ojo a este artículo (un tanto sensacionalista por cierto) sobre un exitoso experimento científico llevado a cabo en Chalmers, nuestra universidad adoptiva.
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